Convulsión en Suecia por el homicidio a balazos del rapero Einar

El rapero sueco Einar, cuyo auténtico nombre es Nils Kurt Erik Einar Grönberg fue asesinado la noche de este jueves. Este acontencimiento...

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Parábola del buen talibán, por Matías Vallés

El planeta ha concentrado sus males en Afganistán y Biden va a pagar la factura, con lo que otra mujer afgana acepta el mantón mediático de portavoz de su país. Conforme desmenuza perfidias, esclavitudes y humillaciones, su peripecia se remonta a meses y años atrás. Los talibanes ejercitan de desalmado universal, mas su responsabilidad rigurosa se extiende a lasdos últimas semanas. Procede por ende rememorar que el país asiático no era una democracia, solo un narcoestado con presidentes títeres de Washington en elecciones amañadas, se hable de Karzai o bien de Ghani. 15 de los diecinueve aeroterroristas del once-S eran saudíes, con lo que Bush bombardeó Afganistán.

No extraña que los autores de estas falsificaciones pretendan disfrazar ahora la evacuación de expiación, la fuga de operación humanitaria. Se salva a unos miles y miles de personas, incluyendo un vuelo británico con mascotas, mas se pretende olvidar que Kabul adoba un conglomerado de población en el rango de la de España, y que producirá inmediatamente entre quinientos mil y 5 millones de asilados.

La última mentira

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Ningún país occidental puede aceptar su cuota de esta remesa. Si a cualquier patraña la apellidas Afganistán, gana de súbito un plus de verosimilitud. Por poner un ejemplo, no ha habido una reconquista talibán, sino más bien un apartamiento, con el efecto de recortar el agua con un cuchillo. Los entusiastas del emirato islámico son los primeros sorprendidos de una victoria más veloz que la campaña aliada de dos mil uno, mientras que los inventores de mentiras afganas preparan su última fabulación.

Se trata del buen talibán, el talibán veinte, el talightban, el talibán bio. Al fin y al postre, esta vez no han colgado de un poste de tráfico de la ciudad de Kabul al presidente asesinado, que entonces era Najibulá. Una vez aposentados, con sus posaderas sentadas, los terroristas radicales van a pasar a ser interlocutores válidos desde el poder. Como máximo, gamberretes desorientados. Entonces, las víctimas de los talibanes comenzarán a molestar a sus entusiastas de el día de hoy. La mujer afgana va a perder la batalla terminante, la audiencia.

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