Paquito Navarro-Di Neno y Alejandra Salazar-Gemma Triay, vencedores del campeonato de pádel de Barna

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La compañía agroalimentaria no va a ser el eslabón perdido de la ampliación de El Prat

El éxito económico, social y medioambiental preciso para el proyecto de ampliación del aeropuerto de El Prat pasa por eludir el desmantelamiento de una industria tan relevante como precisa como es la agroalimentación. Resulta obvio que el primordial reto de la planificación de la nueva infraestructura es determinar las compensaciones ambientales para cumplir con las indicaciones europeas. Y es evidente asimismo que el ‘camino fácil’ es el de invocar el enfrentamiento entre infraestructura y medio ambiente, el que se soluciona diseñando compensaciones «espléndidas» a costa de la propiedad y empresa agraria como pretende el Govern.

Primeramente, es preciso manifestar que este ‘camino fácil’ es perjudicial y contraproducente para conservar la biodiversidad de la zona. Al revés de lo que aseveran ciertas fuentes, la humillación ecológica del Delta del Llobregat –de ahí la singular vigilancia de las autoridades europeas– no se ha producido por cultivos intensivos contaminantes ni tampoco por extensión de los terrenos agrícolas. Todo lo contrario: conforme las cantidades publicadas por la Diputación de Barna, entre mil novecientos cincuenta y seis y dos mil dieciocho, la región del Baix Llobregat ha perdido dieciseis y cuatrocientos ochenta hectáreas de cultivo productivo o bien, dicho de otro modo, el treinta y cuatro con tres por ciento del total del territorio.

Exactamente si se han preservado en el tiempo ciertos ecosistemas más valiosos del ambiente de Barna, ha sido merced a la actividad empresarial agropecuaria y no a la administración medioambiental de los organismos públicos que deberían haber velado por la salud medioambiental. Sin ir más lejos: quince años después prosigue sin aprobarse el plan de administración de la zona protegida del Delta del Llobregat.

Seguidamente, este camino no es la única opción alternativa existente aparentemente marcada por la Comisión Europea. Esta es quizás una de las manipulaciones más graves del alegato público en los últimos meses. La Comisión Europea valora si la propuesta que se le presenta de compensaciones ambientales respeta lo marcado por las directivas pertinentes, contrastando con posterioridad si se cumple o bien no lo presentado. De ninguna manera impone una determinada solución. En verdad, estimula a establecer demarcaciones perfectas (ni demasiado espléndidas ni demasiado escasas) que satisfagan a las partes y contemplen sistemas realistas de conservación de la biodiversidad.

En este punto, planteamos un cálculo ajustado de compensaciones de un máximo de doscientos setenta hectáreas que no daña la soberanía productiva agroalimentaria de Barna -al plantear espacios específicos de conexión no agrícolas y zonas de baja intensidad agrícola- y pone a predisposición su trabajo y tecnología que deja administrar de forma activa los espacios naturales (particularmente en aspectos específicos de enorme relevancia como el drenaje de las aguas, la inversión para prever inundaciones y la prevención de daños a recursos y también infraestructuras) consiguiendo resultados realistas que satisfagan las demandas de Bruselas.

Y en tercer lugar, admitir una situación que provoque el desmantelamiento de la industria agroalimentaria del Baix Llobregat sienta un precedente peligroso que nos distancia de lo más avanzado a nivel europeo en materia agroambiental y, al tiempo, en materia de calidad democrática y derechos esenciales. En este sentido, los tribunales de justicia han actuado en múltiples casos donde se ha pretendido elaborar un enfrentamiento de derechos completamente artificial solo para el beneficio de ciertos lobbies políticos y ambientales. Si hay alguien que conoce bien el territorio y puede trabajar eficazmente por la biodiversidad es, indudablemente, el empresario agroalimentario.

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En definitiva, la compañía agroalimentaria del Baix Llobregat no será el ‘eslabón perdido’ de la ampliación de El Prat. Su experiencia y trabajo diario dejan aprovechar las sinergias y el impulso que este proyecto produce para lograr la creación de un doble ‘hub’ aéreo y agroalimentario intercontinental, donde se una la cercanía a grandes centros de distribución y exportación con el abastecimiento de cercanía a una enorme área metropolitana y los mercados internacionales. Estamos frente a un reto gigante para los próximos diez años, que requerirá indudablemente de esenciales complicidades de todas y cada una de las partes implicadas entre las que el campo agroalimentario es un aliado y no un oponente. Para esto es preciso fomentar que las futuras infraestructuras aéreas se efectúen con el máximo de sinergias con la meta de que las problemáticas asociadas a la administración del agua, infraestructuras o bien inundaciones se transformen solamente en un recuerdo del pasado y en un caso de excelencia.

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