Imagen de archivo de una la recreación artística del nacimiento de una supernova.
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Hallado polvo de supernova en la nieve de la Antártida

Indicios de explotes estelares han sido identificados en la nieve pura y también íntegra del continente antártico, en forma de átomos de hierro-sesenta, un isótopo sin fuentes terrestres naturales.

La cantidad de polvo galáctico que llega a la Tierra de año en año fluctúa entre múltiples miles y diez mil toneladas. La mayor parte de las partículas enanas proceden de asteroides o bien cometas en nuestro sistema solar. No obstante, un pequeño porcentaje procede de estrellas distantes. No hay fuentes terrestres naturales para el isótopo de hierro-sesenta contenido en él; se produce solamente a resultas de explotes de supernovas o bien por reacciones de radiación galáctica con polvo galáctico.

La primera patentiza de la aparición de hierro-sesenta en la Tierra fue descubierta en depósitos de aguas profundas por un equipo de investigación de TUM (Universidad Tecnológica de Munich) hace veinte años. Entre los científicos del equipo estaba Gunther Korschinek, quien propuso la hipótesis de que asimismo se podían hallar indicios de explotes estelares en la nieve antártica pura y también íntegra.

Para contrastar esta suposición, Sepp Kipfstuhl, del Instituto Alfred Wegener recogió quinientos kilogramos de nieve en la estación de Kohnen, un asentamiento de contenedores en la Antártida, y la transportó a Munich para su análisis. Allá, un equipo de TUM fundió la nieve y apartó el agua de deshielo de los componentes sólidos, que se procesaron en el Helmholtz-Zentrum Dresden-Rossendorf (HZDR) usando múltiples métodos químicos, de tal modo que el hierro preciso para el análisis siguiente estaba presente en el rango el miligramo, y las muestras podrían ser devueltas a Munich.

Acelerador en Garching

Korschinek y Dominik Koll del área de investigación Nuclear, Partículas y Astrofísica en TUM hallaron 5 átomos de hierro-sesenta en las muestras utilizando el laboratorio acelerador en Garching cerca de Munich. «Nuestros análisis nos dejaron descartar radiación galáctica, pruebas de armas nucleares o bien accidentes de reactores como fuentes del hierro-sesenta», asevera Koll. «Como no hay fuentes naturales para este isótopo radioactivo en la Tierra, sabíamos que el hierro sesenta debía proceder de una supernova».

El equipo de investigación pudo hacer una determinación parcialmente precisa sobre en qué momento se depositó el hierro-sesenta en la Tierra: la capa de nieve que se examinó no tenía más de veinte años.

Además de esto, el isótopo de hierro que se descubrió no parecía proceder de explotes estelares particularmente distantes, puesto que el polvo de hierro sesenta se habría desvanecido demasiado en todo el cosmos si este hubiese sido el caso. Basado en la vida media del hierro sesenta, cualquier átomo que se produzca de la capacitación de la Tierra ya se habría descompuesto por completo. Por ende, Koll supone que el hierro sesenta en la nieve antártica se produce en el vecindario interestelar, por servirnos de un ejemplo, desde una acumulación de nubes de gas en las que se halla hoy en día nuestro sistema solar.

«Nuestro sistema solar entró en una de estas nubes hace más o menos cuarenta años», afirma Korschinek, «y va a salir en unos pocos miles y miles de años. Si la hipótesis de la nube de gas es adecuada, entonces el material de los núcleos de hielo de más de cuarenta años no contendría hierro sesenta interestelar», añade Koll. «Esto nos dejaría contrastar la transición del sistema solar a la nube de gas; eso sería un descubrimiento renovador para los estudiosos que trabajan en el medioambiente del sistema solar».

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