Dos chicas se toman fotos en una máquina de ’purikura’, en Tokio, a finales de julio.
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El ‘purikura’, el fotomatón nipón que subsiste al selfi

De sobras es famosa la querencia por las fotografías de los ciudadanos del país del Sol incipiente. A lo largo de décadas los turistas nipones han visitado el planeta con sus cámaras colgadas al cuello, retratando todo monumento que se les ponía a tiro. Hace unos años, no obstante, que las cámaras dieron paso a los móviles y a los selfis por todos lados. No obstante, en el país nipón se ha mantenido prácticamente íntegro un fenómeno que brotó a fines de la década de los noventa, el ‘purikura‘, un fotomatón que deja que múltiples personas se tomen fotografías al unísono, las retoquen o bien las sobrescriban con lapicero óptico. Vamos, algo semejante a lo que acá se estila en las bodas, cuando termina el banquete y pinchan los primeros temazos de la disco.

En un sótano de una tienda del moderno distrito de Shibuya, en Tokyo, de pie en frente de un espéculo largo, 2 chicas de secundaria en uniforme arreglan sus peinados. Más adelante, ciertos estudiantes retocan su maquillaje. Aguardan su turno para tomarse un ‘purikura’.

Auténtico fenómeno social de finales de la década de mil novecientos noventa en el país nipón, esta clase de fotomatón aumentado festeja su 25º aniversario y prosigue siendo popular en el archipiélago, pese a la competencia de los teléfonos inteligentes y sus selfis, de los que es el ancestro.

En contraste a los fotomatones ordinarios, ‘purikura’, abreviatura nipona para «club de impresión», deja que múltiples personas tomen fotografías, las retoquen, las decoren o bien escriban con un lapicero óptico.

«Todas y cada una de las chicas lo hacen»

«Para nosotros, es una parte esencial de la vida rutinaria», explica Nonoka Yamada, una estudiante de secundaria de diecisiete años. «Todas y cada una de las chicas de mi clase lo hacen».

«Ayuda a lucir ‘kawaii’ [más bonita] y convertir el semblante», añade.

Conforme Yuka Kubo, una estudiosa independiente que estudió el fenómeno a lo largo de múltiples años, la atracción del ‘purikura’ entre las jóvenes niponas es un legado de la tradición pictórica nipona, donde «la cara que se muestra y que expresa su personalidad es paradójicamente no la que tenemos, sino más bien la que creamos «.

De este modo, en el ‘bijin-ga‘ [pinturas de personas hermosas], una de las grandes corrientes del arte pictórico nipón viejo, «lo que se representa no es el semblante real de estas bellezas» sino se distorsiona hasta el punto de ser irreconocible, explica.

Conforme las tendencias

El mercado ‘purikura’ alcanzó su punto máximo en mil novecientos noventa y siete, con ciento mil millones de yenes en ingresos (el equivalente en el instante de seiscientos ochenta y nueve millones de euros), conforme la Asociación de la Industria del Entretenimiento de el país nipón (JAIA).

Su declive se aceleró con la llegada de los primeros móviles con cámaras integradas. En el dos mil dieciocho solo ingresó veintitres y novecientos millones de yenes (ciento noventa millones de euros). No obstante, hace un par de años todavía había diez ‘purikuras’ en el país nipón (5 veces menos que en mil novecientos noventa y siete, conforme la JAIA).

Si bien menos perceptibles, estas máquinas han continuado encontrando su audiencia, adaptándose a las tendencias y también incorporando avances en tecnología.

Las funciones de retoque tosco aparecieron en mil novecientos noventa y ocho. El reconocimiento facial, introducido en el dos mil tres, dejó centrarse en determinadas unas partes de la cara, lanzando particularmente «la moda de los ojos enormes», narra la estudiosa Kubo. Desde el dos mil once, «la tecnología hizo posible retocar las caras más finamente» para tener «una mejor apariencia, una piel más llana y una cara más alargada».

En los últimos tiempos, el ‘purikura’ ha estado procurando sobre todo destacar su complementariedad con los teléfonos inteligentes y las redes sociales, y destacarse del selfi fomentando la experiencia afable de una sesión de fotografías grupal.

Las máquinas ofrecen descargar las fotografías y publicarlas en las redes sociales. «Las chicas asimismo se graban con sus ‘smartphones’ a lo largo de la sesión y suben el vídeo en Instagram, para compartir toda la experiencia», apunta Kubo.

El regreso de Sega

Una de las razones del éxito perdurable de ‘purikura’ es que «siempre y en toda circunstancia ha sido un medio», afirma la estudiosa.

En la década de mil novecientos noventa «no había redes sociales, mas las chicas recortaban la hoja de dieciseis fotografías que salían de la máquina, ciertas las pegaban en un bloc de notas singular y las otras las guardaban, las mostraban o bien las intercambiaban con sus amigos», como una versión analógica de las fotografías en las redes sociales de el día de hoy, apunta Kubo.

De la misma manera que toda la industria del entretenimiento, los ‘purikura’ se han visto perjudicados por la pandemia de coronavirus. Las salas de juegos electrónicos, donde estos dispositivos de forma frecuente se instalan, debieron cerrar entre abril y mayo bajo el estado de urgencia en el país nipón, y el campo ahora trata de sosegar a los clientes del servicio.

«Hemos tomado medidas de higiene, poniendo gel desinfectante en la entrada o bien acortando las cortinas de la cabina a fin de que circule el aire. Y los clientes del servicio ya han regresado, aun más veloz de lo que pensábamos», asevera Yuki Hikita, portavoz del fabricante de ‘purikura’ Furyu.

Señal del potencial que todavía tiene en el ámbito del ocio, el conjunto Sega, uno de los vanguardistas de ‘purikura’, ha anunciado últimamente que lanzará una nueva máquina este otoño, la primera en veinte años.

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