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El disco rayado de Trump para combatir su intrascendencia

  • El expresidente de Estados Unidos vuelve a la carretera tras 4 meses de silencio con exactamente el mismo alegato tóxico de siempre y en todo momento

En el panorama mediático, Donald Trump roza la intrascendencia. Su expulsión de las redes sociales, su incapacidad para atraer un número significativo de lectores a su weblog o bien la resolución cuidadosa de muchos medios de negarle el altífono obsesivo del que gozó en su día han dejado en buena medida al expresidente fuera de la charla nacional. El Partido Republicano, no obstante, es otra historia. Trump prosigue marcando sus ritmos y avivando sus obsesiones. Conduce las purgas de los conservadores irreverentes, como pudo revisar Liz Cheney siendo desposeída de su situación de liderazgo en la Cámara de Representantes, y sostiene el favor mayoritario de las bases del partido, a las que ha persuadido de la “gran mentira” del fraude electoral que se ideó para justificar su derrota electoral.

Y ahora, tras 4 meses de silencio, colérico por la pírrica cobertura que producen sus declaraciones y también investigado por el fiscal del distrito de Manhattan, Trump ha vuelto a la carretera con la vista puesta en un inicio en las legislativas de dos mil veintidos. Una cita que pretende emplear para afianzar su dominio del partido fomentando a los aspirantes trumpistas con la pretensión de defenestrar a los núcleos de resistencia a su liderazgo, la rampa de lanzamiento para su potencial candidatura a la Casa Blanca en 4 años.

“Cuando eres un presidente de un solo orden, por norma general desapareces en la noche sin hacer ruido”, le ha dicho al The New York Times el historiador presidencial, Douglas Brinkley. “Él se ve a sí mismo como el líder de una revolución y la está dirigiendo desde el asiento de atrás de un carro de golf», agrega. En los últimos meses Trump ha estado recluido entre su vivienda de Mar-a-Lago y el club de golf que tiene en Nueva Suéter, donde recibe a sus aliados y trama sus siguientes pasos rodeado de un equipo poco a poco más esmirriado de aconsejes.

Oratoria tóxica

El mensaje es el de siempre y en todo momento, no ha alterado un ápice. Trump es un disco rayado, pura toxicidad oratoria. En su reaparición del sábado en una convención estatal de su partido en Carolina del Norte volvió a orear sus falsas teorías sobre las presidenciales del dos mil veinte, que definió como “las elecciones más corruptas en la historia de este país”, ya antes de recrearse en la última auditoría del resultado lanzada por los miembros del Senado republicanos de Arizona, un ejercicio que ha sido caricaturizado por los cargos locales de su partido, que lo describen como un circo partidista basado en toscas teorías conspiratorias.

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El neoyorquino no solo insiste en reventar la confianza en el proceso democrático. Asimismo sostiene la cantilena de que Joe Biden es un presidente ilícito que “tomó al lado de su familia millones de dólares americanos del Partido Marxista Chino” y estaría destrozando al país con un Gobierno “radical de izquierdas”. “Nuestro país es destruido ante nuestros ojos. El crimen explota, los departamentos de policía son desarticulados y desfinanciados. Las drogas entran, los costos de la gasolina se disparan y nuestras industrias son saqueadas con ciberataques desde el extranjero”, afirmó el sábado frente a una audiencia entusiasta.

Nada semeja importarle que EE UU haya conseguido supervisar la pandemia desde la llegada de Biden al poder, que su campaña de vacunación sea una de las más eficaces del planeta o bien que su economía se esté recobrando más veloz que ninguna otra del planeta rico. Trump no aguanta la intrascendencia, mas no tiene nada nuevo que aportar. Es el profeta de un colapso imaginario que su partido no se atreve a cuestionar.

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