Convulsión en Suecia por el homicidio a balazos del rapero Einar

El rapero sueco Einar, cuyo auténtico nombre es Nils Kurt Erik Einar Grönberg fue asesinado la noche de este jueves. Este acontencimiento...

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Editorial | Premio Nobel al periodismo

El Premio Nobel de la Paz concedido este año a la cronista filipina Maria Ressa y al cronista ruso Dmitri Muratov reconoce en ellos el ahínco y los peligros que corren medios y también informadores en ambientes en especial bastante difíciles, inseguros y faltos de libertades. Tanto Ressa, desde el medio digital ‘Rappler’, como Muratov, articulista jefe de ‘Novaya Gazeta’, se han distinguido por proteger y ejercer la libertad de expresión en frente de 2 versiones descarnadas del poder –las de los presidentes Rodrigo Duterte y Vladimir Putin, respectivamente– que transforman el ejercicio del periodismo en una profesión peligrosa. Mas asimismo en una profesión imprescindible para «la democracia y la paz duradera», como resalta el Comité Noruego del Nobel.

Las condiciones en las que desempeñan su profesión Ressa y Muratov no son desgraciadamente una salvedad en muchas zonas del planeta. Al contrario, el propósito de aniquilar al mensajero, someterlo a presión o bien deformar los hechos es moneda corriente en las 4 esquinas del globo, de manera que la concesión del Nobel de la Paz del año en curso debe hacerse extensiva a cuantos conviven en lugares en los que la busca de la verdad supone todo género de riesgos. Pues día a día son más los expertos en la construcción de verdades opciones alternativas, en la decoración de escenarios artificiales que solo es posible derribar con medios libres y por fuerza valientes.

No por sabido resulta superfluo el recordatorio del Comité del Nobel de que la libertad de expresión y de información son 2 requisitos imprescindibles «para la democracia» y «suponen una protección contra la guerra y el conflicto». El combate contra las falsas noticias, que hallan en las redes sociales un campo de difusión poco menos que sin barreras, la posibilidad de opinar al lado de consignas, el ahínco por reflejar la realidad y desentrañar la verdad de la manera más leal posible son elementos substanciales para afianzar un régimen efectivo de libertades.

«La gente tiene que abonar de manera frecuente con su vida por el hecho de decir en voz alta lo que piensa», declaró en determinada ocasión Anna Politkovskaia, uno de los 6 cronistas asesinados de ‘Novaya Gazeta’. El Premio Nobel a Ressa y Muratov es asimismo de reconocimiento a todos y cada uno de los silenciados por siempre, a los perseguidos y a los presos que han decidido no callarse, que creen de manera firme que una opinión pública informada es esencial para afianzar sociedades libres y anular la publicidad disfrazada de información, una tentación permanente del poder.

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