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Casa Gomis, la arquitectura singular de La Ricarda

El mejor ejemplo de racionalismo en Catalunya y una de las piezas maestras de Antonio Bonet Castellana. Esto es la Casa Gomis para apasionados y profesionales de la arquitectura acá y allende de los mares. Y una experiencia sensorial a la par que un motivo de inspiración para Bea Sarrias y Morrosko Vila-San-Juan. Los 2 artistas aseveran estar maravillados por la singular construcción; tan rendidos a ella, que la primera suma ya prácticamente cuarenta de óleos sobre la casa y el segundo, 2 cortos. Una parte de esta producción la estrena ahora la galería Ruta (del quince de septiembre al nueve de octubre) en un espacio que asimismo es novedad, el Lab36 (Trafalgar, treinta y seis), la sala que la galería desea dedicar única y solamente a la creación que nace en Barna y el ambiente metropolitano.

Los trabajos actuales de Sarrias y Vila-San-Juan cumplen con el condicionante doblemente en tanto que aparte de producción autóctona tienen razonamiento local. No en balde la Casa Gomis luce La Ricarda por apodo y a esta altura de la celebración, con el culebrón de la de momento errada ampliación del aeropuerto del Prat en el candelero, poca presentación precisa. De esta manera La Ricarda es laguna y espacio natural único y diverso, a la par que protegido por la Unión Europea, y es, asimismo, el sueño personal del ingeniero y mecenas Ricardo Gomis y su esposa Inés Bertrand de edificar una casa de veraneo conforme los postulados de la  arquitectura moderna.

De Joan Miró a John Cage

Bonet Castellana no fue la primera opción de Gomis; ni la presente casa, el primer diseño presentado por el arquitecto técnico. Gomis, persona cultivada y vinculada a los movimientos de vanguardia, deseó contactar con el arquitecto técnico Josep Lluís Sert. Lo hizo a través del promotor cultural Joan Prats, que, como Gomis, era miembro del Club cuarenta y nueve, asociación privada que tenía como objetivo promocionar las actividades artísticas en los grises tiempos de la dictadura. A saber que una vez levantada, la Casa Gomis funcionó como una especie de nodo cultural, lo mismo se hacían conciertos -Gomis era un melómano de pro- que representaciones teatrales. De esta manera, por los suelos de piedra caliza, gres y gresite de la joya del racionalismo catalán han dejado su huella Mestres Quadreny, Joan Brossa, Antoni Tàpies, Joan Miró y John Cage, entre otros muchos. Y en su piscina se han bañado los miembros de la compañía de Merce Cunningham tras su primera actuación en España, por servirnos de un ejemplo.

Mas en mil novecientos cuarenta y nueve Sert estaba en el exilio sin ganas de trabajar en España de forma que rechazó la oferta. Fue entonces cuando Prats sugirió el nombre de Bonet Castellana, un joven que había trabajado con el mismísimo Le Corbusier y había sido el benjamín del Gatcpac. Bonet Castellana asimismo estaba en el exilio, en Argentina, mas admitió. La primera propuesta, recuerdan los hijos de Gomis, “era considerablemente más pomposa, con 2 plantas, rampas y el techo al revés” y fue rechazada por la matriarca. La segunda prosperó y el resultado es una agradable y lumínica construcción en la mitad de un pinar, de forma perfecta integrada con su ambiente, donde interior y exterior se confunden, y donde todo está esmeradamente elegido, pensado y desarrollado.

Una obra integral

Una obra integral nacida de la “complicidad muy estrecha entre arquitecto técnico y comitente”, apostilla Marita Gomis, una de las descendientes del matrimonio impulsor. Integral pues Bonet Castellana no solo diseñó la casa con sus cierres acristalados -increíble el corredor que une el muy, muy amplio salón con el llamado pabellón independiente -, sus celosías de porcelana y sus inconfundibles techos arqueados, sino asimismo se ocupó de meditar en y tambiénl moblaje, las alfombras y las cortinas. Todo, colores y texturas, está perfecta y detalladamente pensado y listado. Y documentado. La familia Gomis Bertrand guarda la enorme correspondencia que produjo la construcción, puesto que se levantó con Bonet Castellana en la distancia. Cartas y fotografías. De Joaquim Gomis, hermano de Ricardo, son las imágenes que se mandaban al arquitecto técnico para continuar la evolución de la casa. Y de Moisés Villèlia, las estatuas que pueblan el jardín. Ciertas desaparecidas a golpe de mar, poco a poco más próximo.

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Los hijos Gomis recuerdan cuando la finca daba a un médano de cien metros de anchura que ya no existe. Asimismo, de cuando circulaban con bicis por las pistas del aeródromo del Prat. El desvío del delta del Llobregat y las consecutivas ampliaciones del puerto han acabado con la playa; y el aeropuerto, con la vida en la casa. La cabecera de la tercera pista está a apenas cuatrocientos metros de la edificación, de forma que el estruendos de los aeroplanos calentando motores para despegar es atronador. De haber prosperado los planes de Aena, la pista todavía se hubiese acercado más. Si bien el estrépito actual ya les ha obligado a no pernoctar en La Ricarda, mas no a abandonarla: prosiguen festejando asambleas familiares y cuidándola. “Sin ayudas”, apostillan. Mas es patrimonio -tiene la máxima protección de la Generalitat- y no piensan dejar que se pierda. La financiación sale de las visitas guiadas y del alquiler del espacio para publicidad.

Por todo ello, “por la peculiaridad del espacio y por la heroicidad de sus dueños, deseábamos hacer un homenaje a la casa y darla a  conocer”, apuntan Sarrias y Vila-San-Juan. Su salto precipitado a la fama ha sido cosa de la providencia.

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