Asimetría de la información en las finanzas
Economía

Asimetría de la información en las finanzas

Confianza en los negocios

Autor: Félix Campoverde Vélez Ph.D Econ.

Introducción

La asimetría de la información en las finanzas, forma un esencial tema de estudio, al que en la actualidad se presta mucha atención por la necesidad de añadir consideraciones morales, trasparentes, justas y sustentables en las resoluciones de un número cada vez mayor de agentes que participan en el negocio financiero.

Desarrollo

La asimetría de información en el mercado financiero es enorme, lo que acarrea al cuestionamiento de la trasparencia, vital para asegurar la estabilidad financiera (Rapallo, dos mil once). Puesto que, “la elección” por la parte de cada individuo (agente decisor) supone una valoración, parecería natural una cierta armonía entre los valores que persigue el agente y sus resoluciones económicas.

Las capacidades y conocimientos de los gestores del planeta de las finanzas son empleados de forma sesgada en beneficio de aquellos agentes de los que disponen de mayor información, sin tener en consideración las relaciones de confianza básicas que son indispensables en el negocio financiero; por consiguiente, a fin de que el libre mercado produzca una situación de equilibrio, no solo es preciso que todos y cada uno de los agentes dispongan de toda la información relevante, sino, además de esto, se comporten de forma racional.

No obstante, la asimetría de poder y de información de que disponen los directivos de las grandes organizaciones, usada en interés propio, no solo atenta contra la noción de justicia, entendida como el equilibrio en la preservación de los intereses de los diferentes colectivos relacionados con la compañía, sino, en suma, pone en riesgo la aptitud de la propia organización, minando la confianza de los agentes económicos (usuarios, usuarios, distribuidores, participantes en las compañías, autoridades públicas y sociedad, por lo general).

La colisión que supone la asimetría informativa con la moral se puede querer mediante la moral dialogante de Jünger Habermas y Karl Otto Apel, plasmada en la “Comunidad ideal de comunicación”. En ella se apela al diálogo y al acuerdo, basados en una acción sociable eficiente, equilibrada y libre, con la intención de crear un espacio ético entre diferentes interlocutores, basado en 5 condiciones (Ansotegui et al. dos mil catorce):

  1. Todos y cada uno de los perjudicados están presentes y participan activamente en el diálogo
  2. No existe el obstáculo de la coacción, con lo que ninguno ejercita poder sobre otro ni limita su libertad
  3. Todos arguyen sus situaciones para plantear un resultado universalmente válido que haga el planeta más deseable (siguiendo la perspectiva deontológica kantiana)
  4. La resolución se toma por acuerdo racional, en torno al mejor razonamiento. Se trata de primar la fuerza del razonamiento, frente al razonamiento de la fuerza
  5. Aceptación del compromiso de desarrollar la resolución admitida

Esta “Comunidad ideal de comunicación” obviamente no existe en un mercado en el que unos agentes, las financieras, disponen de información y conocimiento del que carecen sus clientes del servicio, aparte de una situación de dominio que hace que prácticamente impongan sus condiciones. A ello se aúna que la innovación financiera es inherentemente opaca, y tiende a producir peligros difícilmente perceptibles y de consecuencias inesperadas.

Por otro lado, mercados más especulativos y técnicamente más complejos son más propensos a esta asimetría de información. En frente de este inconveniente, las relaciones tienen que estar marcadas por la claridad y la trasparencia, los folletos promocionales deben contener la información relevante y estar correctamente autorizados.

De este modo asimismo, los contratos deben plasmar toda la información relevante de forma clara, congruente, entendible y digerible por la contraparte, eludiendo el engaño, la manipulación y la ocultación.

Todo ello no garantiza la posibilidad de engaño. Para esto es necesario evaluar:

  • El peligro de engaño:
  • Nivel de cultura financiera del cliente: conocimientos, edad, capacitación, etc, y la prueba de pertinencia.
  • Sencillez de realizar el engaño
  • Previsible intensidad del daño provocado por el engaño (pérdida total o bien parcial de su valor y probabilidad de que ocurra)

Un pacto razonable, se genera cuando las partes pueden efectuar una elección racional basada en:

  • Información suficiente
  • Capacidad de valorarla apropiadamente
  • No existencia de coerción por ninguna de las partes

Aunque es a veces bastante difícil determinar qué es ético y qué no lo es en las técnicas de venta, a un vendedor se le debe demandar honorabilidad y hacer observar unos estándares razonables de trato justo, lo que supone no aprovecharse de la posible debilidad del cliente del servicio, puesto que el peligro de cartera depende de la composición de los peligros individuales de cada crédito concedido

Llegados aquí resulta conveniente reflexionar sobre cuál es el papel del profesional de las finanzas ante sus clientes del servicio. Por lo general, puede adjudicarse el de mero consejero, el de prescribir determinadas operaciones y el de vendedor de una extensa gama de productos financieros (Dembinski, dos mil diecisiete).

Si actúa como consejero o bien sencillamente consultor, el profesional debe ofrecer aquellas ocasiones que maximicen el interés del usuario, consiguiendo una retribución por su servicio especializado.

El usuario va a ser el que decida por último y acepta el peligro de la operación, al paso que al profesional se le demanda “deber fiduciario” o bien diligencia de actuar a favor de las necesidades de aquel. Un paso más se daría si actúa como un doctor de medicina, prescribiendo determinado producto.

En cambio, el profesional que acepta la función de vender se puede enfrentar con mayor claridad a problemas éticos y a enfrentamientos de interés. Por una parte, aguanta la presión de sus directivos para lograr ciertos objetivos de volumen de ventas, que pueden venir concretados en diferentes colectivos para los que no serían apropiadas ciertas operaciones. Por otro lado, estos objetivos pueden ser desmedidos, insostenibles o bien inadecuados, poniendo bajo riesgo la estabilidad en un largo plazo de la propia organización.

En los dos casos, y de manera especial en el segundo, cabría preguntarse si procede la aplicación del principio jurídico de caveat emptor, esto es, que el comprador acepta el peligro una vez comprado el producto. Si fuera de este modo, el profesional financiero no debería inquietarse de si el usuario tiene o bien no capacidad para comprender los términos del contrato, sino, como máximo, se limitaría a que se le entregue la información, tanto si es comprensible tal y como si no.

En frente de la indefensión en la que quedaría el usuario, cabría aducir ciertas cuestiones. ¿Exactamente en qué medida ha actuado el profesional de las finanzas de forma ágil ofertando ciertos productos que no eran suficientemente entendibles para el receptor? Y, por otro lado, ¿exactamente en qué medida los contratos poseen “vicios ocultos”, no identificables en el instante del examen del mismo? Todo ello plantea la opción alternativa del caveat venditor, o sea, que el profesional de las finanzas sea el encargado de los defectos y deficiencias de los productos comercializados. Quizá en esas circunstancias hubiese obrado con mayor diligencia y honradez.

Particularmente en el ámbito financiero, ciertos estudios han argumentado que los usuarios están sujetos a determinados cortes de comportamiento, incluyendo la vulnerabilidad a comercialización, como la posibilidad de admitir ofertas enmarcadas en términos simples (Benartzi y Thaler, 2002; Bertrand et al., 2004; Agarwal et al., 2006; Campbell, dos mil seis).

Los usuarios, aparte de no estar bien informados, pueden confundirse cuando se les presentan muchas opciones alternativas y pueden ocasionalmente cometer fallos sistemáticos, que podrían ser aprovechados por los distribuidores. En este sentido, aun, los requisitos de divulgación bien establecidos y eficaces pueden no ser suficientes, con lo que, la moral es el fundamento de las finanzas, en virtud que da la confianza precisa y la solidez en el negocio, consolidando la relación entre ofertante y demandante de los productos y servicios.

En consecuencia

Los mercados financieros no son absolutamente eficaces puesto que presentan fallos del mercado. Con lo que, se puede aseverar que el mejor medio para remediar estas deficiencias del mercado no son solo más leyes y normativas o bien sanciones más estrictas, sino más bien fomentándose una cultura financiera moral de protección al usuario/consumidor y de mitigación de peligros con responsabilidad social en los diferentes stakeholders.

En definitiva: «La trasparencia en la administración empresarial, es cuestión de conductas y valores de cada individuo.» -Félix Campoverde Vèlez

[1] Parra. Web: https://www.bde.es/bde/es/secciones/informes/Publicaciones_an/Memoria_del_Serv/

[2] La asimetría de información por servirnos de un ejemplo facilitó a muchas entidades a manipular por múltiples años el euríbor donde el Banco Estadounidense JP Morgan, el gigante francés Crédit Agricole y el británico HSBC fueron señalados de trastocar las reglas de competencias, como asimismo de participar y también influir en el costo de los productos procedentes del género de interés en euros. (HSBC & JPMorgan, dos mil quince). En este contexto, las sanciones económicas que fueron impuestas por la Junta Europea (Pérez, dos mil catorce)

Referencia Bibliográfica

Ansotegui, C., Gómez-Bezares, F. y González, R. (dos mil catorce), Moral de las finanzas. Bilbao: Desclée de Brouwer.

Argandoña, A. (dos mil once). “La moral y la toma de resoluciones en la empresa”. Universia Business Review. Págs: veintidos-treinta y uno.

Boatright, J. (dos mil catorce). Ethics in finance. Chichester, West Sussex: Wiley.

Camps, V. (dos mil diecisiete). Breve historia de la moral. Barcelona: RBA Libros.

Cortina, A. (mil novecientos noventa y ocho). Hasta un pueblo de demonios: moral pública y sociedad. Madrid: Taurus.

Cortina, A. (dos mil ocho). Moral de la compañía, Claves para una nueva cultura empresarial. Madrid: Editorial Trotta.

Cortés, F.J. (dos mil ocho). “Ética empresarial y responsabilidad social corporativa”. Folleto Económico de ICE (Información Comercial De España). Vol. dieciseis (dos mil novecientos treinta y seis).

González, Y también. (dos mil uno). La responsabilidad ética de la compañía. Una revisión de la Teoría de Stakeholders desde la moral discursiva (Tesis Doctoral). Universidad Jaume I de Castellón.

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